© de la imagen La meva maleta

martes, 20 de enero de 2015

Un día

Soñaba con algo que tenía que ver con una escuela, me parece.
Silencio en la casa, madrugo más que nadie.
Me pregunto si estará nevada la calle. 
Me maquillo mirando el reloj, me equivoco y me pongo la crema que debe quitarme la mancha que me dejó el último herpes  de antiojeras. Bien, espero que de verdad quite las manchas de ahí.
En el AVE una legión de Mary kays nos acechan con sus maletines y nos confunden con unas de ellas (el "antiojeras" ha debido funcionar)
Amanecer de fotografía en Zaragoza, no podré enfocar, el bus corre a toda prisa.
Trabajo: venas, personas que apestan a sudor a las ocho de la mañana, el cartel detrás del campanario que veo desde la ventana, no me quito el frío de encima, dos mandarinas. Las dos, se presentan todas las visitas, dos treinta, ya falta menos, dos treintaydos, que corra un poco más el reloj.
Libre, menudo frío, me refugio en una tienda, no compro nada, la dependienta de la otra tienda una antipática, me voy sin mirar siquiera.
El bus se me hace eterno, la conductora le grita a un coche al que ha pitado. 
Estación del AVE. 
Charla sobre adolescencias, bajo la rampa mecánica con ganas de llegar. 
La señora del tren que va con una que debe de ser su hermana. 
La chica dormida en el pecho de un chico, que va acariciando su cara, yo voy dirección a la salida. 
La señora japonesa descalza entre dos vagones haciendo gimnasia agarrada a la barra de la puerta.
Salimos apenas a unos centímetros de la salida de la estación. 
Semáforo en rojo.
Apago la radio para escuchar mi pensamiento.
Llego a casa famélica, un bocadillo a la una no ha sido suficiente. 
Me emociono con la foto de las hijas de Marta.
Preparo huevos duros y brócoli.
Blog terminado. 
Ducha.
Princesa en modo off hasta mañana. 
No, llega el peque de inglés. Llegará marido, hay que preparar la cena. 
Ya descansaré cuando me muera. 

sábado, 17 de enero de 2015

Sobre dietas

Empieza el año como de costumbre, con unos kilos de más y con buenos propósitos para deshacernos de ellos. Comparto con vosotros este artículo de Gema Lendoiro en el que cuenta con mi opinión como profesional. 
Hay que aprovechar el tirón hacia arriba que nos propicia el calendario y poner en forma nuestro cuerpo. Yo misma me propongo firmemente hacer más ejercicio físico, aunque sólo sea caminar más cada dia. Olvidaros del aburrimiento de la lechuga y la plancha, ser creativo ayuda mucho a mantener la dieta a raya más allá del mes de enero.


Del Blog de cuina de la Dolorss

...y muchos ánimos a los que están dejando el tabaco, ¡se puede! (15 años sin)

lunes, 12 de enero de 2015

Cinco años aquí



No recuerdo ya quién era yo antes de ti. Creo que era mucho más frágil e insegura. No sabía que necesitaba tanto escribir. No sabía que casi todo se puede describir con palabras, excepto el amor por un hijo, el dolor por la muerte de alguien a quién amas, o cuánta es la amistad que sale de la nada. 
A ti te debo nada más y nada menos que el gran salto al vacío de escribir un libro que ha hecho llorar de emoción y que ha ayudado y confortado, y del que le siguió. 
Te debo la compañía de las casi 500.000 visitas que han venido a mi humilde castillo a leer con paciencia cómo me estuve a punto de rendir mil veces. 
No puedo prometer ya nada, he aprendido que hay demasiado cariño en juego. Así que me limitaré a repartir tarta entre todos y a invitar a quién te visite hoy a leer alguna de las viejas entradas de este blog; en cada una de ellas hay algo de mí. 
Gracias, Princesa del Guisante, alter ego de mis entretelas. 

viernes, 9 de enero de 2015

Una idea que me ronda...

Voy a poner por escrito una teoría bastante absurda (o no) acerca del silencio de los blogs, que están, en su mayoría en fase latente.
Si a todos nos pasa parecido, redactar una entrada desde las tablets se hace muy difícil. Cuesta teclear, cuesta acceder al formato, cuesta colgar fotos... Y dado que las tablets son tan cómodas, tan accesibles, tan de utilizar desde el sofá mientras el señor marido está en el otro sofá y la tele nos ilumina a todos predicando desde su desierto sus miserias... Pues nada, los ordenadores dormitan en la habitación de al lado y los blogs agonizan lentamente.


Yo me he descargado la aplicación de Blogger de la App Store y he mejorado mucho mi accesibilidad. Y por el lento despertar de algunos de los blogs que sigo, parece que no soy la única. ¿Volverá esto a ser lo que fue, o tendremos que cantar aquello de "Tablet killed the blogger stars"?



Quién sabe si éste será el año en que todo vuelva a su lugar.

Por cierto, no quiero dejar de gritar contra quienes atentan contra la libertad de expresión. Nada, nunca justifica el asesinato de otra persona. 


martes, 6 de enero de 2015

Magia para escépticos




Cuando era pequeña no había zapatos junto a la puerta ni noche de espera impaciente ni nada de eso. La ventaja de vivir en un lugar pequeño es que los mismísimos Reyes Magos te traían el regalo a casa. Una larga espera después de la cabalgata y hacían su aparición con sus barbas de mentira y sus caras pintadas, las capas decoradas con armiños sintéticos (ecológicos es un eufemismo generoso). Llevaban guantes y anillos de preciosas piedras de plástico que mi abuelo estrechaba con energía. Les invitaban a pasar al salón -en castellano, los Reyes de Oriente no hablaban en catalán- y se les ofrecía una copita de champán que ellos aceptaban. No quiero ni imaginar cómo acababan estos chicos el reparto y la tremenda resaca del día después. 
Bueno, realmente, ya no recuerdo cómo se iban. Lo que viene después es una locura de papeles arrugados, de olor de muñeca nueva, de preguntarse si sería posible que ese pelo brillante que tenía Nancy se quedara así de bonito después de peinarlo mil veces. Ese abuelo grande que me salvaba la noche encontrando las pilas necesarias para hacer funcionar la lucecita de la cocinita (oh, era tan bonita que puedo sentir su tacto entre mis dedos), una mirada de reojo a los juguetes de mis primos, que nunca me parecieron mejores que los míos.
Mi noche de Reyes no era de magia. Era felicidad.
Aunque ya hacía tiempo que sabía quién compraba los regalos. Lo supe a los seis años; sé que tenía esa edad, porque había regalos para mi futura hermanita, que iba a nacer esa primavera. Encontré los juguetes escondidos en el altillo del armario empotrado de la habitación de mis padres. Pensé que habrían podido tener más cuidado y mantener mi ilusión un poco más (es que yo nací vieja),y que nadie iba a saber que yo sabía. Porque ver la ilusión de los mayores para organizar ese espectáculo de magia, realmente merecía la pena. 

jueves, 1 de enero de 2015

Por estrenar

Me encanta la forma que tiene la Vida de ponernos en nuestro sitio. Repaso los propósitos del 14 y me troncho de la risa, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Me deseaba en la felicitación de Navidad el jefe supremo de mi empresa (a todo el personal, nada íntimo ni afectuoso, no vayan a creer) un año cargado de amor, salud y trabajo. Resistí la tentación de decirle que no, gracias, que salud y amor sí, pero que mejor pedirle al año dinero, que de trabajo voy sobradísima.

Sabiendo cómo se las gasta esto del destino, creo que tengo dos opciones. Que me toque la lotería (improbable) y que me dé cuenta de lo poco importante que es tener dinero o que siga con lo mismo. O peor aún, que gane menos dinero o que me quede sin trabajo. O peor aún, sin salud o sin amor. Así que, como decía el chiste, "Virgencita, que me quede como estoy".

En el 14 ha habido mucho de todo, así que el balance es de cero, y eso no estoy segura de que sea bueno. Sea como sea, página en blanco o ...continuará, como dicen las series flojas. Porque, como todos ustedes saben, el año empieza en septiembre, así que los grandes cambios no se producen apartir de hoy, sino que se supone que vienen cambiando desde hace tres meses (¿en serio?).


Feliz 2015, venga como venga. Les deseo lo mejor.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Una luz encendida


Nochebuena en el castillo. En la mesa, una vela encendida por cada uno de los que echamos de menos anoche, muchas luces prendidas entre nosotros. Una por ti, querida hermana de vida. Estoy segura de que al final lograste mantener el tipo viendo la ilusión en los ojitos brillantes de tus niños, aunque te retiraras un momento a ahogar una lágrima cuando ellos no podían verte.
Quién sabe si será el último año en que mi pequeño guisante (ya no tan pequeño) crea en la Magia, o el primero en que tu hijo abra ya los regalos sabiendo de quién vienen. 
Ayer, mi otro niño, el príncipe, se nos hizo grande, probó el ponche por primera vez, comprendió por qué a los mayores a veces nos nubla la mirada en estas fechas. 
Y al final, todo fue sorprendentemente sencillo. Ellos disfrutaron, a nosotras se nos hizo corto. Cuando apagué la luz de la cocina, con todo recogido, pensé que mereció la pena, que el nacimiento del Niño Dios genera una fuerza especial, una Luz. Tal vez la suma de muchas velas encendidas en muchas mesas, como,la tuya y la mía. Un beso, hermana. Feliz Navidad, Blanche.



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