© de la imagen La meva maleta

domingo, 27 de julio de 2014

La memoria

No hace mucho me encontré con alguien a quien conocí en la infancia, y con quien perdí el contacto en los primeros años de la adolescencia. Me sorprendió saber que recordaba de mí algo que yo habría jurado sobre la misma Biblia no haber dicho. 
Pero, pensándolo bien, los recuerdos, lo que la memoria de cada uno de nosotros guarda de lo que vivió, no responde a la realidad. La realidad es poliédrica, subjetiva, se mezclan nuestras vivencias en nuestra mente. ¿Acaso no nos pasa a las madres que, a pesar de desvivirnos por nuestros hijos y pensar que jamás olvidaremos cómo fueron, empezamos por confundir qué niño hizo qué cosa, cuándo empezamos a darle fruta o cereales, o dónde les hicimos aquella foto? 
Pues, si con algo que se vive de forma tan intensa como la maternidad, nuestra memoria puede mostrarse imprecisa, con el resto de lo vivido, muchísimo más. Conozco de cerca a dos personas que aseguran con absoluta convicción que un hecho pasó de formas diametralmente opuestas. Una de las dos está mintiendo, podréis pensar. Yo he llegado a comprender que, simplemente, cada una lo vivió desde su punto de vista, o bien una de ellas, no fue capaz de asumir una verdad que le resultó muy dolorosa y no pudo hacer más que guardar en su memoria una versión que le resultara mínimamente aceptable. 

martes, 15 de julio de 2014

Como si hubieses estado hoy conmigo

Llevaba unos días buscando zapatillas sin que me gustara ninguna demasiado. En fin, quería zapatillas, abiertas, con suela de goma, un poquito de tacón, en tela y estampado más o menos decente, sin que fueran de señora mayor. Sin embargo, me he enamorado de éstas, de precio razonable -de rebajas-, color monísimo, a la vista está, y muy confortables.


Ni siquiera recuerdo si tú tenías unas como estas, pero en cuanto he calzado mis pies en ellas he pensado en ti, en tu coquetería, he sabido a ciegas que te habrían gustado ¿acaso no tenías unas parecidas? No puedo recordarlo, porque hace casi veinte años desde la última vez que te vi. Pero al ponerme las chanclas que no se parecen en nada a lo que yo pretendía, con las uñitas pintadas de rojo y, a pesar de que mis pies no se parecen a los tuyos (o si, tampoco sabría decirlo con seguridad), tu ausencia ha palpitado en mi memoria. 

Me arrebataron poder despedirme de ti. Nadie, nunca, podrá devolverme ese momento. 

domingo, 13 de julio de 2014

Comunicación no verbal


El lenguaje corporal no es una ciencia exacta, pero da muchas pistas de lo que en realidad se está pensando, mucho más que las palabras que nacen de los labios. No pude resistir la tentación de fotografiar a estos dos señores que hablaban en una terraza. Les observaba desde un segundo piso.

Mirad, sino, el señor del traje. Él casi no quiere ni mirar a su interlocutor. Su cuerpo se dirige hacia un ángulo muy distinto al del hombre que tienen enfrente. Su mano levanta una barrera psicológica porque ni siquiera quiere verle. Su otra mano, agarrada con firmeza al tobillo dice que ni por cochino asomo piensa cambiar de parecer.

Su compañero de mesa muestra una actitud activa hacia el primer hombre. No salta sobre él porque hay una mesa ente los dos. Por una parte. Porque, por otra, tiene actitud de huída. Su pie libre y su mano sobre la rodilla nos dan a entender que puede salir corriendo a la de tres.

No, ciertamente no tengo ni idea de lo que ellos hablaban, pero tengo claro que esa no era una charla amigable.

viernes, 11 de julio de 2014

Seda

Imagen de aquí


Vino a casa a pedirme ayuda con unos papeles, y se ofreció para echarme una mano con lo suyo. Ella siempre ha bordado a máquina, ha cosido y hecho arreglos, ha sido habilidosa con la aguja. Ha cosido ajuares y vestidos, cortinas y sábanas. Y yo... bueno, yo siempre he tenido mejores intenciones que manos.

Con la idea de coserme algo, compré un metro de una seda monísima, con un estampado delicioso. La inversión fue mínima, bajé patrones de internet, corté a la buena de Dios, empecé a coser con una facilidad asombrosa y me di cuenta de que había cortado con demasiado ímpetu. Así que, como quien sabe qué está haciendo, hice un parche que yo pensaba que sabría arreglar si algún día tenía tiempo. El tiempo no llega (dichoso final de curso) y sólo con ver la bolsa de la seda me entraban sudores fríos. Así que dado el ofrecimiento de mi anciana vecina, le pregunté a ella si tenía remedio.

Se lo llevó con entusiasmo de saberse útil y necesaria. Pero la seda no es nada fácil de coser, y menos, cuando lo que tienes que hacer es un apaño de una chapuza de medidas importantes. Ella se vio abrumada por la situación, vino, con los ojos llorosos a enseñarme la labor más difícil que hizo en su juventud para decirse a sí misma que no siempre había sido incapaz de coser. Traté de consolarla, le dije mil veces que no se preocupara, que no me había fallado, que, en realidad, yo le había pedido algo realmente complicado.

Lamento profundamente haberle causado esa tristeza, debería haber sido consciente de que lo que le pedía quedaba muy por encima de sus posibilidades. Le repetí cincuenta veces que no se preocupara, que no había sido culpa suya, sino de mis tijeretazos alegres, que la tela era bonita pero sencilla, y que la tiré a la basura. No iba a permitir que un metro de seda empañara el recuerdo de una vida dedicada a la costura. Espero que pueda, que podamos olvidarlo pronto.


domingo, 6 de julio de 2014

Te lo dejaré escrito aquí

A pesar de que sabes que puedes llamarme cada vez que necesites consuelo, yo quiero que te grabes esta entrada y que no se te olvide nunca lo que te repito, básicamente porque son verdades irrefutables.

- No has hecho nada malo. ¿Te equivocaste? Puede ¿Le pediste disculpas? Mil veces ¿No puede aparcar su rencor? Ese es SU problema, no el tuyo. 

- Tienes derecho a ser amada. Con tu metro setenta y cinco y tu pelo, con tu tozudez, con tu empuje, con tu risa contagiosa, con tus altibajos, con tus gritos (que aprenderás a controlar en la medida de lo posible), con tu mente clara, con tu facilidad para conocer gente. Si yo, que soy tu amiga, te quiero conociendo todas esas cosas, la persona que se casó contigo te tiene que amar así. Y si no puede quererte aceptándote es que no te quiere, por más que se empeñe en decirte lo contrario.

- No tienes que suplicarle un beso. Los besos nacen del afecto, de la ternura, del deseo. Negarte el contacto físico es una forma de desprecio vil y miserable por su parte. No le des la oportunidad de volver a hacerlo. No te lo hagas a ti misma. 

- Que vuestra relación no haya salido bien no significa el fin del mundo aunque ahora no te lo parezca. La soledad te asusta y te hace mucho daño, pero ahora, al fin y al cabo, también estás sola, a pesar de él. Suelta el lastre de sus promesas vacías, de sus traumas no resueltos, de sus reproches, de su ni-contigo-ni-sin-ti, y administra tu tiempo y tu espacio. Estarás igual de sola pero podrás respirar. 

- Cuanto antes empieces a reconstruir tu interior, mejor para ti. No dejes que la pena se te coma la energía, no vuelques en él la esperanza de que vuelva, porque no te conviene. Ya nada podrá a ser lo que fue antes. No debes dejar que él ignore tus sentimientos, ridiculice tus problemas, te aparte de su vida social, priorice a sus padres y hermana frente a su familia, que eres tú, que te desacredite, que te margine, que te menoscabe. 

Voy a estar a tu lado y te voy a repetir todas estas cosas hasta la saciedad, hasta que tú comprendas que mereces un hombre que te quiera de verdad, que te haga brillar, que te haga el amor, para quien tú seas la mañana y la noche, que trabaje para su familia, que sea un hombre-hombre, que sabe manejar las cosas que pasen en vuestro hogar. Que sea el lugar al que puedas volver cuando termine tu día. Y si no es éste, que tengas libertad para llegar a conocer a uno que sea todas esas cosas. 

jueves, 3 de julio de 2014

Las esquinas de la memoria

En realidad este es un post interruptus. El título no corresponde al contenido de esta entrada. Iba a escribir sobre algo que viví, pero al final no pude. O mejor, creí que mejor que no lo contara, quién sabe si un día puedo escribir un libro sobre esa historia que ahora quedará encallada justo ahí, en las esquinas de mi memoria.

Son muchas las razones que llevan a los posts a quedar dormidos hasta la eternidad en la carpeta de borradores, o de morir bajo el poderoso efecto del SUPRIMIR (y recuerda que esta opción no puede deshacerse... el día que lees la frasecita te arrepientes fijo, hay que suprimir sin mirar hacia atrás, ni de reojo).

A veces sientes que no puedes profundizar en esa idea, porque duele o porque te hace sentir mal. O por pudor, o porque crees que no es lo suficientemente buena. Otras, sientes la presión del juicio de alguien que sabes que te lee, como un aliento en tu nuca que te hace estremecer.

imagen de aquí


A veces, como una pompa de jabón demasiado frágil, se rompe antes de tiempo entre tus manos, no cristaliza nítida y fuerte, sino que le falta empuje para subir, y cae como un suflé mal preparado.
Y otras, como esta, el post toma vida propia, las palabras se suceden entre tus dedos alentadas por el piqueteo de tus dedos sobre el teclado y escribes el punto final sin tener que corregir ni una frase.

No, no insistas, ese recuerdo permanecerá allí. Por muchas razones que me costaría mucho explicarte.


domingo, 29 de junio de 2014

Vuestro tiempo

Acaba de empezar el verano y siento que se os esfuma la infancia a grandes zancadas. Sin embargo, vosotros vivís a lo grande. Entre partidos de baloncesto en el jardín, de vuestro deporte inventado en el garaje. El campeonato mundial en el cual os alternáis para ser el equipo visitante contra España. Lecturas libres -cuánto me alegra que me hayáis salido ratitas de biblioteca-. Juegos de mesa desperdigados por doquier. Cartas y videojuegos, piscina y carreras. Y peleas. Sanas y con palabrotas... cada insulto merece una reprimenda, cada falta de respeto un pedir perdón. 

Hoy he capturado uno de esos rincones en los que improvisáis vuestro juego, un mercado en el que los billetes son auténticos trozos de papel con unos euros dibujados y la balanza lleva lustros estropeada en el almacén. 


Cuatro patatas maltrechas y unas judías que quedaron en el fondo de una bolsa, la materia prima, unas cajas de madera hacen de mostrador. Bendita sea vuestra niñez. 
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